Contenido de urea y proteína en la leche de tanque en las explotaciones lecheras de Cantabria y su comparación con otras regiones productoras de leche

Contenido de urea y proteína en la leche de tanque en las explotaciones lecheras de Cantabria y su comparación con otras regiones productoras de leche

Gregorio Salcedo1, Ana Villar Bonet2 

1Centro Integrado de Formación Profesional “La Granja”.
2Centro de Investigación y Formación Agrarias

Este artículo forma parte de la monografía «Interpretación del contenido de Urea en leche. Claves para su minimización en las explotaciones de Cantabria» forma parte de la colección de monografías técnicas publicadas por el Centro de Investigación y Formación Agrarias de la Consejería de Medio Rural, Pesca y Alimentación del Gobierno de Cantabria.

Esta monografía pretende divulgar de manera resumida los trabajos realizados en el CIFP “La Granja” en colaboración con el CIFA sobre la formación de urea en leche, sus niveles, consecuencias de su exceso, así como analizar la información suministrada por el LILC de los resultados de la determinación de urea en las muestras de leche de tanque y a nivel de vaca.

 

Introducción

Es interesante monitorizar el contenido de urea en la leche de tanque para detectar desequilibrios en la dieta, evitar el gasto innecesario que conlleva una dieta con exceso de proteína, y minimizar la pérdida de nitrógeno y la emisión de gases de efecto invernadero.

Los valores de urea en leche en Cantabria recogidos en el Laboratorio interprofesional lechero (LILC) en los últimos años (2010-2012) presentan un escenario que si bien es bueno sí podría ser susceptible de mejora contribuyendo así a la rentabilidad de la actividad.

Interpretación de la situación nutricional de la ganadería de Cantabria a partir de los datos del
Laboratorio Interprofesional Lechero

Un total de 79.418 análisis de urea, correspondientes a los años 2008, 2010 al 2012, proporcionadas por el LILC son utilizados para chequear la nutrición proteica de las vacas lecheras (Gráfico 1).

Los datos de conjunto de las ganaderías de Cantabria recogidos durante el trienio 2010-2012 (Cuadro 2) ponen de manifiesto que el 88% de las muestras de leche se encontraban dentro de los niveles óptimos (210-320 mg/l de urea), con una concentración media de 221±77 mg de urea por litro de leche y 3,15±0,17% de proteína, indicando adecuado equilibrio entre la proteína y energía de la dieta. En el mismo cuadro se observa que la concentración de proteína en la leche no se incrementa al aumentar la concentración de urea en leche.

Entre años, la concentración de urea se incrementó un 46% en el año 2011 y un 41% en el 2012 respecto al año 2010, manteniéndose constante la proteína de la leche con porcentajes medios de 3,16, 3,15 y 3,16% para los citados años.

Urea en leche vs. precio del concentrado

El precio del concentrado aumentó un 34,2% en los años 2011 y 2012 respecto al 2010; mientras, el de la leche lo hizo un 9,96% en el mismo período. Esta situación podría estar detrás del incremento del 42,9% observado paralelamente en la concentración de urea, que se observa en el Gráfico 3 en ese período. Posiblemente, la razón tenga su origen en una reducción en el consumo de concentrado vaca y día, o en la adición de urea en los concentrados para reducir la proporción de soja. Al disminuir la ingesta de concentrado, desciende el aporte de energía y de forma indirecta aumenta el consumo de forraje, de mayor contenido en proteína degradable, desequilibrándose la relación proteína/energía a nivel ruminal.

Fotografía 1. Combifoss FT + (Milkoscan FT+- Fossomatic FC), equipo del LILC para la determinación de grasa, proteína, lactosa, caseína, urea y recuento de células somáticas

Gráfico 1. Interpretación nutricional del contenido en urea según rangos de concentración

La leche de las explotaciones del grupo A (36,3% de las muestras, 0 a 200 mg de urea por litro) corresponderían a sistemas intensivos con bajos niveles de urea. Las raciones son energéticas (elevada proporción de almidón) debido a un alto contenido en concentrado y ensilado de maíz. El suministro de proteína en algún caso podría ser insuficiente, como ocurre cuando se suministran ensilados de hierba muy espigados y envejecidos.

Las del grupo B (49,2% de las muestras, 201 a 320 mg de urea por litro) presentan niveles de urea aceptables. Las raciones en estas explotaciones contienen un adecuado aporte de energía y proteína. En este grupo pueden incluirse los sistemas de alimentación mezclada y disociada (alimentos por separado), pero en los que se lleva a cabo un chequeo nutricional constante de la ración. En los sistemas disociados que suministran hierba verde es donde el chequeo de la ración se hace más necesario, debido a las variaciones interanuales de proteína y carbohidratos, máxime cuando la concentración nutritiva y la dosis de concentrado es fija.

Por último las del grupo C (14,5% de las muestras, con un contenido superior a 320 mg/l), se trata normalmente de explotaciones donde la alimentación está basada en forraje verde (pastoreo o pesebre), con baja suplementación de concentrado y ensilado de maíz. En este caso sólo el aporte de un forraje energético (maíz) podría balancear la dieta. No obstante, otros factores fisiológicos ajenos a la dieta pueden ser responsables de altos valores de urea; así, en ganaderías con partos agrupados, en periodos de balance energético negativo de los animales, hay una pérdida de peso debida a que parte del tejido proteico se metaboliza para obtener energía (catabolismo), siendo la urea uno de los metabolitos finales de ese proceso. Cuando la urea supera los niveles establecidos como óptimos, las vacas gastan alrededor de 2 Mcal de energía para excretar el exceso de urea a través de la orina.

Gráfico 2. Contenidos de urea y proteína en leche de tanque

Gráfico 3. Evolución del precio del concentrado, leche y su concentración de urea

La urea como herramienta potencial en la mitigación de gases de efecto invernadero

La urea en leche no afecta directamente a las emisiones de amoníaco (NH3) y óxido nitroso (N2O), pero sí de forma indirecta, debido a la mayor excreción de nitrógeno (N) en heces y orina y su concentración (Salcedo, 2011), disminuyendo la eficiencia de utilización del N en leche (Salcedo, 2006; Arriaga, et al. 2010). Posteriormente, la aplicación del purín a los cultivos incrementará el potencial de N lixiviado y de N2O en los procesos de nitrificación y desnitrificación (Stevens y Laughing, 2001). El amoníaco no es un gas de efecto invernadero, pero en combinación con otras moléculas puede llegar a serlo. El óxido nitroso es el gas más contaminante (hasta 310 veces más que el dióxido de carbono).

Los resultados de tres sistemas de producción lechera en Cantabria (pastoreo, semiintensivo e intensivo) señalan aumentos de 0,072 gramos de amoníaco vaca y día por miligramo de urea en leche superior a 219 mg y 0,85 kg de óxido nitroso de origen alimenticio por kilo de urea en leche producido por hectárea superior a 6,23 kg urea (Gráfico 4).

Fotografía 2. Gradilla con frascos de toma de muestras de leche dentro del sistema de control y pago por calidad

Gráfico 4. Relación entre la producción de amoníaco y el óxido nitroso con la urea leche